jueves 7 de julio de 2011

Que levante la mano quien no esté “Indigná/o”!!!

Os dejo enlace al segundo post que me han publicado en la Revista El Observador.
http://www.revistaelobservador.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5162&Itemid=64


DOS son, grosso modo, los principales problemas que afectan hoy a la ciudadanía media. El primero, la gran dificultad para acceder a un empleo, un derecho fundamental que nos da dignidad como personas y que nos permite lograr una mayor libertad individual. El segundo, las grandes deudas, sobre todo hipotecarias, que ahogan a miles de familias cuya única pretensión fue embarcarse en un proyecto de vida para, sencillamente, vivir.

ANTE este panorama son más las preguntas que las respuestas. ¿Qué hacer? ¿Cómo salir de aquí? ¿Aumentamos el gasto? ¿Hacer recortes? ¿Qué pasaría si se aprobase la dación en pago? ¿Quebrarían los bancos? ¿Daría igual que quebrasen los bancos? ¿Es correcto hacer lo que Europa dice que hagamos?

INTENTO sacar mis propias conclusiones de lo que ocurre, y no es fácil. Lo primero que me atrevo a decir es que detecto una alta polarización social. Sin duda la crisis ha puesto de relieve la desigualdad existente, mucha gente con estabilidad laboral consolidada (15 millones de contratos indefinidos en nuestro país) y otra mucha sin ninguna estabilidad laboral (4 millones de contratos temporales) o simplemente sin empleo (4.190.000 personas, dato de mayo de 2011).

ESTA alta polarización social extraída de un baremo económico también se traslada a un baremo ideológico y lo hago en base a dos variables importantes.

POR un lado el 15-M. Un movimiento apartidario, que no apolítico. Gente que reclama devolver la dignidad a la democracia, que piden la supresión de privilegios a la clase política, acceso a la vivienda, servicios públicos de calidad o reformas fiscales. Todo ello muy pedible y ojo, no solo en tiempos de crisis.

POR otro lado los resultados electorales en aquellos sitios donde en las candidaturas había personas imputadas por corrupción. Me refiero a la Comunidad Valenciana, donde el PP solo pierde 5 puntos frente a los 8 que pierde el PSOE, pero además poniendo un ejemplo práctico esto es como si una persona que pesa 100 kilogramos y otra que pesa 50 kilogramos pierden 5 kilogramos, aunque las dos personas pierdan en términos absolutos el mismo peso la de 50 kilogramos ha perdido más peso relativo.

ANTE estas voces que parecen clamar en sentidos distintos, unas pidiendo transparencia y otras apoyando con su voto la falta de transparencia, surgen entonces otras preguntas ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué nos quiere decir la gente? Unos piden devolver la dignidad a la democracia y otros premian a la corrupción. Yo también estoy “indigná”, aquí cada uno por su lado, unos mirando por el interés colectivo, pidiendo más democracia, y otros en su historia, mirando probablemente solo por sus intereses.

MUCHA gente dice que izquierda y derecha son lo mismo. Escucho a José Luis Sampedro decir que la gente no piensa, no reflexiona, vota por motivos viscerales, por lo que ve en televisión. Y esto me asusta. Hay diferencias, y mucha. La izquierda tiene un discurso colectivo, busca la libertad y la igualdad de toda una comunidad, de la ciudadanía en general. La derecha busca la libertad individual, lo que conlleva olvidar la igualdad de oportunidades primando a “los más sagaces”. El primero es un discurso basado en la confianza mutua entre los miembros de una sociedad que deciden poner dinero a través de sus impuestos para conseguir una mejora colectiva. Es un discurso basado en la solidaridad y en la igual libertad, para que todos/as tengamos las mismas oportunidades. El segundo es un discurso basado en la desconfianza, un discurso que se afianza con lemas como “los inmigrantes nos quitan el trabajo”, “aquí todos roban” o “unos pocos trabajamos para que los demás cobren prestaciones”. Con estos lemas se argumenta la necesidad de que haya menos reglas, menos controles y menos peso de lo público, con el objetivo de que el negocio privado entre a gestionar lo que hasta ahora hace la administración. En definitiva, los principios de la derecha son darwinistas, atienden a la selección natural, a la ley del más fuerte y esto va en contra de todo lo que sea público, porque el fin de lo público es corregir las desigualdades entre personas, ya sean físicas, intelectuales, por razón de género, edad, religión o económicas.

EL movimiento 15-M quiere democracia, quiere devolver la confianza a las instituciones, ello me lleva a pensar que ahí hay mucha gente de izquierda, lo sepan ellos o no, lo hayan reflexionado o no, algunos más a la izquierda, otros más cerca del centro, pero me atrevería a afirmar que la mayoría se mueven en ese espectro.

VIENDO el 15-M, los resultados electorales y la alta polarización, mi segunda conclusión es que la ciudadanía esperaba que ante los ataques de los mercados el Presidente del Gobierno no aceptara las imposiciones de recortes que nos imponen Europa o los propios mercados. Sin duda, la situación en la que se ha visto Zapatero era difícil y ha preferido asumir las críticas y hacer las reformas necesarias para que España pudiera transmitir credibilidad y estabilidad. Condiciones imprescindibles para el funcionamiento de la economía.

EL PSOE ha perdido 1.500.000 de votos, y el PP ha ganado 400.000. Queda claro que no es que el PP haya subido mucho, sino que ha bajado el PSOE. Esto nos obliga a las y los socialistas a hacer una reflexión profunda y un análisis sociológico de la ciudadanía. Por un lado debemos recuperar la confianza de esas personas que no se han sentido protegidas por los ataques de los mercados. Medidas como los 961 euros de sueldo inembargable que aprobó el 30 de junio el Congreso de los Diputados contribuyen a ello. Y por otro se hace necesario repensar hacia quienes hay que dirigir el discurso de avance social comunitario.

TERMINO manifestando mi preocupación por la polarización ideológica. No por lo que esto se traduce en votos, si no porque detrás de unos principios hay formas de vida, formas de trabajo y formas de avance social. El avance será más difícil y duro si unos tiran del carro hacia un lado y el resto hacia el otro.

lunes 6 de junio de 2011

¿LOS MERCADOS O LA POLÍTICA?

Os dejo post publicado en la Revista Digital El Observador -> http://www.revistaelobservador.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5012&Itemid=64


El 12 de mayo de 2010 recuerdo con claridad como el Presidente Zapatero subió a la tribuna del Congreso de los Diputados y con una de las miradas más tristes que le he visto, presentó un paquete de medidas de recortes. Es evidente que esta decisión POLITICA no fue fácil de tomar, más bien fue una decisión a la que lo obligaron los MERCADOS, que empezaban a atacar a nuestro país y a poner en duda nuestra solvencia.


Sería una bonita utopía pensar como Mikael Blomkvist, el periodista protagonista de Los hombres que no amaban a las mujeres ( primer libro de la Trilogía Millennium de Stieg Larsson ). Cuando Mikael destapa las irregularidades del influyente imperio de empresas de Wennerström automaticamente el mercado de la bolsa sueca cae empicado. Una periodista pregunta a Mikael si no se siente responsable por la mala marcha de la economía sueca y él responde que hay que distinguir entre la economía sueca y el mercado de la bolsa sueca, la primera formada por los bienes y servicios que producen las personas del país, la segunda no entiende de bienes, ni de servicios, ni de personas, son solo un montón de especuladores.


Siempre he escuchado que con la edad las personas se hacen más conservadoras, a mi me está pasando justo lo contrario. Me gustaría poder pensar como Mikael Blomkvist y no tener que preocuparme por la marcha de los mercados porque eso no afectara a la economía real, pero no es así. Por desgracia los mercados deciden, y en ocasiones dejan poco margen a la política.


Los mercados quieren dar un suculento bocado a nuestro Estado del Bienestar, se han dado cuenta de que en la Educación, en la Sanidad y en las Prestaciones Sociales hay negocio. Para nosotros Educación, Sanidad y Prestaciones Sociales son ya bienes de primera necesidad, nunca dejaremos de comprar agua, leche, pan, o verduras, pero si prescindiremos de un lujoso ordenador, de un viaje en hoteles de cinco estrellas o de una operación de cirugía estética. Por eso, haremos lo imposible por enviar nuestros hijos al colegio, sacaremos dinero de donde no haya para pagar un médico o nos haremos un fondo de pensiones privado si dudamos de la viabilidad y sostenibilidad del fondo de pensiones público.


El filosofo conservador inglés Michaek Oakeshott pensaba que la política se basa en la definición de una comunidad de confianza y Tony Judt en su libro Algo va Mal nos dice que “Toda empresa colectiva requiere confianza. No podemos trabajar juntos si no dejamos de lado nuestros recelos mutuos. La tributación es un claro ejemplo de esto”.


Pagamos nuestros impuestos, en mayor o menor medida dependiendo de nuestras circunstancias personales. Confiamos en que los demás también los van a pagar y confiamos en que a través de los distitntos gobiernos el pago de nuestros impuestos va a revertir en la comunidad y en nosotros mismos como individuos a través del acceso a un Estado del Bienestar.


El momento es crítico, los mercados presionan, quieren negocio, exigen recortes en el Estado del Bienestar, la ciudadanía pierde la confianza, y muchos ya no creen en la política. Algunos reivindican ya la “economía de las personas”, es decir, que seamos más como Mikael Blomkvist, y que ignoremos a los mercados y sobre todo a los especuladores. Yo me sumo a esto de la “economía de las personas” pero hay que ser realistas, esto es como transformar una casa antigua de bastos pilares en un loft, hay que hacer una reforma exhaustiva y sin que la casa se caiga, y las decisiones no pueden ser individuales, ni de un pais, porque ahora el mercado es global y no puede cada uno individualmente empezar a tirar abajo los pilares de la casa por donde plazca.


Alicia Murillo.
Secretaria de Economía y Empleo del PSOE-A de Málaga.

lunes 25 de octubre de 2010

Los 18. Defender la democracia.

El pasado viernes tuve la oportunidad de asistir por segunda vez a un acto de reconocimiento que hace el Ayuntamiento de Colmenar a los/las jovenes del municipio que cumplen 18 años. Un acto emotivo en el que el consistorio de la bienvenida a los ciudadanos, ya de pleno derecho, del municipio.

Exprese al auditorio las sensaciones y emociones de mis 18. La selectividad, el carné de conducir, la universidad y votar por primera vez. A los 18 adquirimos derechos importantes, pero también deberes, que con frecuencia no vienen recogidos en ninguna Constitutición ni Estatuto. Bajo mi punto de vista son deberes con la sociedad, y es que pienso que cada uno de nosotros debe aportar lo mejor de nosotros mismos y eso no hay mejor forma de hacerlo que a través de la participación, bien a través de una asociación de vecinos, una ONG ... o con figuras como la del Corresponsal Juvenil que funciona muy bien en el Instituto Andaluz de la Juventud.

Es por eso que me molesta y casi enervan comentarios que ultimamente rondan mucho por nuestra sociedad, me refiero a comentarios como "los sindicatos están comprados", "las asociaciones de vecinos están compradas" "las ong´s están compradas"... Este tipo de afirmaciones, divulgadas sobre todo a través de los aparatos propagandisticos y voceros de la derecha, no hacen sino debilitar la democracia de nuestro país, con ellas eliminamos de un zarpazo la capacidad representativa del movimiento ciudadano. Es importante que en estos momentos pongamos en valor a la ciudadanía ya que cada uno/a de nosotros/as es la unidad básica de la democracia de este país.

A los jovenes de Colmenar les recordé que en la Constitución , en el Estatuto de Autonomía y en el resto de leyes vienen recogidos nuestros derechos, derechos adquiridos gracias al trabajo de las generaciones que nos precedieron, es por ello que nuestro deber como jovenes del siglo XXI es no solo consolidar esos derechos sino trabajar por ampliarlos.

Aquellos que quitan la voz a los ciudadanos afirmando que todo tiene precio se olvidan de que en un estado democrático las asociaciones, colectivos y demás movimientos ciudadanos tienen derecho y además el deber de defender aquello que fundamenta su creación o agrupación, algo básico recogido en nuestra Constitución. Por ello afirmar que sindicatos, asociaciones... están comprados es una perversión de la democracia, quizás es que cree el ladrón que todos son de su condición, y pretenden comprar el silencio de unos pocos, olvidando que esos tienen derecho a tener voz aunque no nos guste lo que digan.